miércoles, 7 de diciembre de 2022

 

En un guiño de invierno

y con la perspectiva de nuestras verdades

envuelta en la huida más próxima,

se engendra una tormenta,

que seguramente naufragó en tu orilla

y gestó la arena hundida

de nuestras huellas,

por las que sigues avanzando 

hacia mi marea ahogada,

cicatrizando en negro, tal vez, 

la sensibilidad de la primera

lágrima desprendida

que también huye en blanco

por su propia cripta de agua.


Y nos desvastamos por la tormenta,

pero yo sigo flotando como isla,

como si mi materia

buscara otra vez

los pasos fértiles de la tierra,

pero solo hay agua

disuelta en tu barro,

y que hora se convierte

en anegamiento

de nuestras mentiras

ya predichas,

ya (pre)cometidas.


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