Hoy más que nunca, te echo de menos.
Recorro vitrales inmensos que reflejan tu ausencia en mi reflejo opacado por el vidrio que quiere venderme un consumismo sin ti.
Me atiborro de esperas, anhelando lo que no puedo pagar, ni comprar, ni tener (un gemido en altavoz que pronuncie tu nombre y que todo mi mundo se entere, que te quiero).
Busco en mis bolsillos y solo encuentro ansias que han roto mi pantalón de lo pesadas y poco valiosas que son.
Pero en el abismo de ese roto, encuentro un arcoíris de poesía que me recuerda que soy tan pobre sin ti, que no puedo malgastar mis suspiros en poseerte, porque tú ya estás en la esquina de una estrella que ni mi arcoíris de poesía te puede alcanzar.
Hago inventario de los suspiros que me quedan y si mucho, me alcanzan para comprarme un pequeño regalo, tal vez un libro de Elvira Sastre con una herida abierta que le chorrea tinta como encima.
Porque en este día donde me haces falta, abro los brazos al silencio, al sentirme solo nube lluviosa, escondida entre unos versos de Elvira, de Pizarnik o de Galano.
Pero valdría mucho la pena, llenarme de ti, por todos mis orificios, empezando por el corazón que ya se ha vuelto una máquina vieja y lenta por no usarse.
¡Claro que valdría la pena llenarme toda de ti!, que te desbordes por las comisuras de mi lascivia y por que no, de mi realidad, al fin y al cabo, hoy es mi cumpleaños y te echo de menos, más que nunca.