miércoles, 20 de enero de 2016

PAREDES VACÍAS.

Aquí se ensordecen las voces de una niña que apenas ayer jugaba a ser feliz; revotan en el espejo, rompiendo la inocencia y armando el rostro del tiempo.

En estas paredes se quedaron danzando los secretos olor a muñecas de trapo; columpiando lágrimas sabor a vestidos de tul y lloviendo deseos color a trenzas enredadas.

Aquí, siempre me iba de mí sin necesidad de  mover un solo pie descalzo, los cuales sentían el frío de cada baldosa como el riego a mis raíces que en un instante hacía florecer las risas colgadas en el marco de mi ventana.

Pero esa, mi guarida, mi habitación, a veces extiende sus brazos para vaciarse de mí, recordándome quizás, que esta vez, debo dejar estas paredes vacías que sin dolor ya no se sostendrán más.

Y tal vez me vaya, y tal vez llene otro espacio y al fin me pueda encontrar en otro hogar, pero siempre mi memoria será el baúl donde guarde ese olor a cuentos frescos; ese sabor a miedos risueños y ese color a infancia desolada.

LO QUE NO TIENE RESPUESTA

  La observo su silueta aún refleja la noche su piel blanca pareciera querer borrar lo que un día fue.  La observo su mirada me rebota y las...