A la sombra del después de la vida
las cicatrices siguen siendo
el mapa de regreso a casa,
y solo queda esa sensación
de haber nacido en otro sueño,
de haber retornado al vientre
en el espiral del silencio
que recoge estrellas
reflejando cielos.
Porque temes aprender del tiempo,
aunque ya sabes...
Un día es igual a siempre,
y la memoria es la eterna gloria
cuando el desamor no tiene tiempo
y el reloj estático marca el ritmo
de la muerte que agoniza
en ese sentirse ser,
que expira al vaivén del camino
pues aún no se delata
en el doble filo
del estridente y no tan ajeno reflejo.