Soy invisible,
la única herida
exiliada por el dolor,
el cero a la izquierda
de la nada.
Las miradas ya vienen,
esquivan mi silencio
nunca oído.
Quiero saberme existente,
pero solo me engaño
dentro del pozo
de lo que soy,
mis ganas de resurgir,
son la eterna caída,
hacia la agonía
de la cual nadie
persevera en salvarse,
mi mortalidad
es el olvido
de alquilen no nacido,
no conocido,
ni siquiera alcanzo
a ser fugaz
porque hasta los fantasmas
que no me ven,
me ignoran,
porque nadie
mendiga mi aire,
nadie repite mi nombre
ni para olvidarme,
ni siquiera me reconozco
en mi cuerpo esparcido
sobre el último aliento de vida
de mi ignorada muerte.