¿De qué color es la esperanza?
Tal vez, color de puerta cerrada,
de sillas vacías,
de pasillos ensimismados,
de cuadros que no cuentan nada,
de encierro en la luz de una ventana
ciega.
¿De qué color es la libertad?
Quizás, color a
viento cruel que disfruta apagando almas.
Quizás, a planta
encarcelada en cualquier oxígeno.
Quizás, a pared
desteñida de tanta mente en blanco.
Quizás a mí, sin el poder
de romper los barrotes de mis ventanas.
¿De qué color es la soledad?
No tiene color, solo reflejos de una
mano cansada,
con el peso de la vida
sobre los dedos que palpan una
reciprocidad vacía.
Su tono da visos de mano empuñada
-hasta sangrar-
de tanto esfuerzo por atrapar la nada.