Entre canas color oliva
y en una copa de vino española
me sueño tus labios
jugando a la promesa de tenernos...
En un rincón de Madrid
el gato negro maúlla
un poemario
donde todos los versos empiezan contigo.
Una canción de Zenet
ya gastada por mi tímpano
escucha tu nombre
y te pronuncia como religión,
como tradición y rito necesario.
Un cigarro consumido por tus huellas
airea mi humo
que se escapa en el orgasmo de tu boca
y se me vuelve vicio
de tanto gemir tu presencia en la ausencia.
Él, tú y el hombre de certezas
-todos el mismo-
mitigan mi lluvia
para volverme tormenta
entre tus lunas.