Ayer
me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero
en ninguno de tus tiempos se conjuga mi verbo,
en
ningún tiempo existo.
Porque
no se puede reencarnar en un pensamiento,
no
se puede respirar de un olvido,
aunque
creería, que se puede sobrevivir de un recuerdo.
A
mí me ha tocado subsistir.
De
esos que te arrancan heridas,
pero
más, de los que te clavan el puñal de su melancolía en la sonrisa.
Ayer
me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero
sigo sin ser de ti.
Sigo
sin ser esencia en ti.
Porque
el pensamiento se pulveriza con el verdadero sentir, con la real acción.
El
olvido lo desintegra el tiempo,
pero
el recuerdo, aunque fugaz, sigue sacando sangre, incluso de donde no hay más piel.