De tanto admitir tu ausencia,
la vida olvida la soledad
en la que sobrevive.
Quisiera tu lengua en todos tus idiomas,
Pero enmudeces dentro
de todos los silencios.
La serenidad de tu mirada
escucha con todo su cuerpo
y cree que el silencio también
se escribe en verso
y se calcina en verbo.
Y es que tal vez,
de ese silencio,
nazca lo sublime,
y de esa mirada,
emerja la victoria de mis labios.