miércoles, 7 de diciembre de 2022

 

Infiel a la certeza,

el creer


que el anhelo se pronuncia

en presente


cuando ni siquiera se sabe

si en el pasado

tuvo boca,


y en el futuro 

tendrá manos.


El deseo busca tacto

en lo intangible,


infringe límites,

se desentiende 

de la desesperanza.


Hasta que los barrotes

de lo imposible


encierran la vehemencia

del quizás

dentro de una herida


y solo queda tener que entender

el espejismo cegador

de creer que hacía falta nada

para alcanzarte,


cuando en realidad

lo que se tiene es nada,

porque falta todo,

tu todo.

 

En un guiño de invierno

y con la perspectiva de nuestras verdades

envuelta en la huida más próxima,

se engendra una tormenta,

que seguramente naufragó en tu orilla

y gestó la arena hundida

de nuestras huellas,

por las que sigues avanzando 

hacia mi marea ahogada,

cicatrizando en negro, tal vez, 

la sensibilidad de la primera

lágrima desprendida

que también huye en blanco

por su propia cripta de agua.


Y nos desvastamos por la tormenta,

pero yo sigo flotando como isla,

como si mi materia

buscara otra vez

los pasos fértiles de la tierra,

pero solo hay agua

disuelta en tu barro,

y que hora se convierte

en anegamiento

de nuestras mentiras

ya predichas,

ya (pre)cometidas.


LO QUE NO TIENE RESPUESTA

  La observo su silueta aún refleja la noche su piel blanca pareciera querer borrar lo que un día fue.  La observo su mirada me rebota y las...