Suenas.
Y en lo que duele
hay una cuerda de guitarra
que no se rinde al toque de tu dedo.
Resuenas en el ahora.
Pero la salvación se nombró destello
y en el futuro, no mañana
te escucho con mi verbo.
Y nunca el ego perdonó tanto al silencio.
Callo y fragmento tu nombre.
Los grillos ya entonan la alborada,
las alas del camino no aguardan,
ni destino,
ni un fin.
Solo se alzan con huellas de olvido.
Te hablo en silencio.
Pero es el cielo quien tiñe las mejillas,
y el viento quien desvela a la espina.
No dejas de sonar.
Y tu dedo ahora, nunca, roza
la cuerda,
la pluma,
el arte,
la música,
¿mi salvación?