jueves, 28 de julio de 2016






Ayer me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero en ninguno de tus tiempos se conjuga mi verbo,
en ningún tiempo existo.



Porque no se puede reencarnar en un pensamiento,
no se puede respirar de un olvido,
aunque creería, que se puede sobrevivir de un recuerdo.



A mí me ha tocado subsistir.
De esos que te arrancan heridas,
pero más, de los que te clavan el puñal de su melancolía en la sonrisa.



Ayer me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero sigo sin ser de ti.
Sigo sin ser esencia en ti.



Porque el pensamiento se pulveriza con el verdadero sentir, con la real acción.
El olvido lo desintegra el tiempo,
pero el recuerdo, aunque fugaz, sigue sacando sangre, incluso de donde no hay más piel.




martes, 12 de julio de 2016



Somos almas patéticas queriendo restregar 
nuestras miserias en la memoria.

Mientras recuerdo, recuerdo y recuerdo
lo que ayer fui y lo que soy ahora,
no logro descifrar lo que seré mañana,
por más que intente brillar el espejo
con mis expectantes miradas.

Cada recuerdo al pasado me insiste en olvidar mi futuro,
y no tengo otro camino que reabrir el álbum de mi presente
 para que la historieta no encuentre su punto final,
y me narre sus puntos suspensivos.

Somos almas patéticas queriendo encajar 
las ruinas del pasado en la jaula de los olvidos.

Porque recordar es otra forma de olvidar, 
lo que en este momento se es,
añorando lo que nunca se pudo ser.

Porque recordar sin un ayer 
y sin un mañana, es vivir el hoy,
aunque el mañana sea morir y el ayer sea olvidar.

domingo, 15 de mayo de 2016

De algo hay que morir



Pensaba que destapar todos mis colores, hasta gastarlos
y que no quedaran ni siquiera aquellos grises 
que disfrutaban bordear mi sombra, era vivir.

Creía que soltar mi risa como se descuelga el ancla de un barco
y tocar tierra, palpar firmeza y frenar pudores para alcanzar
el puerto de una felicidad movediza, era vivir.

Me equivocaba cuando exprimía mi última gota de afán
al concluir la más larga batalla de enfrentarme al espejo cada mañana y sobrevivir. Me equivocaba, porque no era suficiente.

Suficiente es querer morir como muere la noche 
para darle cabida al amanecer.
Suficiente es querer morir como muere la lluvia
para abrirle los ojos al cielo y mostrarle su sonrisa despejada.

Porque no hay mejor manera de vivir que muriendo,
porque de algo hay que vivir y es de morir.

Como cuando se me llenan los ojos de heridas
y quiero vaciarlos sobre mi melancolía.
La tristeza es vivir.

Como cuando se me alejan unas manos
y me encuentro desnuda de abrazos.
La soledad de estar solo conmigo, es vivir.

Como cuando hallo la ingratitud reblujando mi fe
y ya creer se vuelve la niebla que quiero ignorar.
El dolor es vivir.

Porque cada muerte que elijo desde mis laberintos, es vivir,
no solo desde las carcajadas pasajeras, 
sino también desde las cicatrices perpetuas.

miércoles, 20 de enero de 2016

PAREDES VACÍAS.

Aquí se ensordecen las voces de una niña que apenas ayer jugaba a ser feliz; revotan en el espejo, rompiendo la inocencia y armando el rostro del tiempo.

En estas paredes se quedaron danzando los secretos olor a muñecas de trapo; columpiando lágrimas sabor a vestidos de tul y lloviendo deseos color a trenzas enredadas.

Aquí, siempre me iba de mí sin necesidad de  mover un solo pie descalzo, los cuales sentían el frío de cada baldosa como el riego a mis raíces que en un instante hacía florecer las risas colgadas en el marco de mi ventana.

Pero esa, mi guarida, mi habitación, a veces extiende sus brazos para vaciarse de mí, recordándome quizás, que esta vez, debo dejar estas paredes vacías que sin dolor ya no se sostendrán más.

Y tal vez me vaya, y tal vez llene otro espacio y al fin me pueda encontrar en otro hogar, pero siempre mi memoria será el baúl donde guarde ese olor a cuentos frescos; ese sabor a miedos risueños y ese color a infancia desolada.

miércoles, 4 de noviembre de 2015



Silencio...

Desordené todas mis letras, todos mis sonidos y seguía siendo el silencio, quien sin decirme nada, me permitía escucharlo todo.

Con él conocí dolores propios que sentía ajenos, como esos rebosantes latidos que hacen que el corazón tome forma de vida y que recorren cada poro de mi coraza, que no es tan dura una vez se calla el orgullo y se apaciguan los gritos de un desesperado ritmo de sobrevivencia.

A veces es bueno hacer del ruido un caos, donde solo quede reblujar la calma, esculcar el silencio, para que la soledad de estar contigo misma se vuelva una conversación con las heridas que no paran de desangrar piel, y a las cuales se les cuente en silencio lo importantes que son para cada ilusión del "volver a empezar".




Hoy lo volví a ver de nuevo,
su hermosa sonrisa,
me hacía sentir como en un sueño,
y mi mundo se tornaba completo.

Hoy lo volví a escuchar de nuevo,
y el eco de su dulce voz,
resonaba una y otra vez en mi interior,
haciéndome olvidar que existe el dolor.

Hoy lo volví a sentir de nuevo,
y su fresca y suave piel,
me hacía tocar su cielo,
olvidando todo mi miedo.

Hoy lo volví a respirar de nuevo,
pero en un rápido momento,
me di cuenta que a pesar de lo que siento,
la amistad es su único sentimiento.


miércoles, 16 de septiembre de 2015


ME CAÍ DE LA LUNA...


Y me bajé a tiempo, eso me dijeron mis pies cuando los golpeé con la realidad. Y es que estar allá arriba, me hacía olvidar lo descalza que estaba, al no aterrizar como hecho, pero sí caer como ilusión.

Pensé mucho en tirarme, pero la comodidad de ignorar el abismo me hacía sonreírle a la apariencia de volar, cuando en realidad solo me suspendía en el limbo de una tímida voluntad.

Me fascinaba acurrucar mis alas en su falso aleteo y creer que cambiaba vacíos por cielos, porque ambos me exigían ocupar un espacio, aunque fuera para acomodar los columpios donde mecía y refugiaba mis lágrimas.

Descendí de sus cráteres como liberándome de sus pieles, lloré al desnudarme y nunca me dolió tanto reparar las heridas, porque arriba sentía que dolía, que era herida de alguna luz.

Me bajé de la luna y era como si una estrella se descalzara para mostrarme el camino o un cometa hubiera tomado el impulso de caerse del columpio y besara el suelo con sus sonrisa de llanto.

Me caí, pero era volver de mí, como si partiera desde mis olvidos hasta llegar a donde una vez me reconocí como mi hogar; la piel de mis suelos.

LO QUE NO TIENE RESPUESTA

  La observo su silueta aún refleja la noche su piel blanca pareciera querer borrar lo que un día fue.  La observo su mirada me rebota y las...