El alma pesa,
como si su ausencia
se hubiera adelantado
y ahora, caminara delante
del grito que se agita
sobre las fisuras del adentro
dejando hipnótico el aire
que sale y se filtra por las sombras
hasta la sangre fría
de una lluvia que escupe razones.
Hay transposición de oquedades
donde pesares esperanzados
intentan quitar el filo a la huida
hacia un cenit
que acusa con el sol,
pero aniquila con el viento,
sin escupir razones,
pero argumentando finales desangrados
con su ondeo cauteloso
sobre las cortinas del agónico tiempo.
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