La sangre misma
se hizo incendio en ti.
Tiene el calor,
el aroma de su fiebre,
el humo solitario
que moldea una vida pronunciada
en llama,
una hoguera elevada
del elevado ardor.
A la final,
solo un rojo fervor
derramado en fuego,
para que después del después
solo centellee una conflagración
de cenizas negras,
en la inmensa extinción
de la ígnea pasión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario