Despertamos...
Y la sencillez
del vuelo
de un pájaro
nos descubrió
vacíos.
Quemamos
hasta las cenizas
de un viejo infierno,
pero el fuego
continuó adentro.
Escuchamos...
El castigo
de las estrellas
sobre nuestros cuerpos
sin ayeres.
Asesinamos el dolor
con otro dolor,
y los espacios
tomaron lugar
sin tiempo.
Ahogamos los naufragios...
Ahora nuestra saliva
sella el secreto
que la piel gritó
en una boca
y el mar guardó
en un poema.
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