AL PAPEL NO LE CABEN MÁS
VERSOS.
El silencio de este día de lluvia, hace al papel más pequeño, pero a la tinta
más abundante; se le desea gritar al papel, pero este parece sordo o se hace el
sordo, frente a las gotas retumbantes que descaradamente golpean el cristal de
la ventana, la cual, dibuja el reflejo de todo lo que se quiere expresar, pero
a pesar de eso, la mano aún empuñada, no se atreve a dar rienda suelta a su
sentir y prefiere mejor arrugar con rabia el papel.
De
pronto la habitación se turba de un sonido fantasmal, no es más que la “nada”
amenazando con tragarse las palabras, los vocablos, las letras, las frases y los
versos que parecen estar encarcelados en una boca muda sin móviles labios que muerden
y sangran deseos reprimidos, los cuales con fuerza intentan abrirse vuelo con
sus alas mojadas.
Ha
parado de llover, pero siguen mojadas las notas sonoras de la voz que se plasma
en el poema; la tinta se pregunta hasta cuando el viento y el frío la secarán
sin lograr ser valiente y atormentar la hoja que parece caer y flotar
eternamente en el limbo del olvido, pero no halla respuesta en ese incómodo
ambiente de calma.
Sale
el sol y este seca y vuelve añicos la hoja que desvanecida hace un tapete de
silencios en la mesa, la tinta también seca y los gritos apaciguados adornan el
aposento del poeta, que por mucho que llore y lamente su dolor, las lágrimas
son lágrimas; los sueños son sueños y las letras sólo son letras que se vuelven
invisibles y mueren en el santo reposo del silencio, al lado del soñador poeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario