PIEL CON PIEL
Como la marea agitada se aprisiona
contra las rocas de la costa, tu piel estruja mi pudor y lo hace humedad entre
mis piernas. El verano sediento de mi deseo no permite alivianar tu placer
mojado, y tu estupor incansable, insiste
en explorar cada grieta oscura de mi piel.
La luna se sonroja al ver tan
delirantes juegos de caricias y decide ocultarse entre las estrellas titilantes
de tus ojos, los cuales brillan cada vez que piel incitante te brinda su mano
para hacerte caer en mi seductora miel.
El tiempo pasa sobre la alfombra
de las horas y el reloj se vuelve celoso de nuestra entrega; en la habitación
no hay más que olor a derroche de besos y sabor a vino derramado sobre las
sábanas que en el suelo parecen formar un estanque de seda.
El cansancio nos invita a soñar,
y mientras acurrucada a tu pecho veo como mis sueños festejan el poderte amar,
logro despertar y no puedo dejarte de mirar y pensar para mis adentros, en
susurros no queriéndote despertar:
“Si esto no es felicidad,
entonces ¿por qué me siento así, indestructible, inmortal? Y tus ojos al
despertar y encontrar los míos sin musitar me responden: porque en una caricia
se puede nacer y en una mirada piel con piel se puede morir y nacer a la vez”
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