UNA TARDE EN CUX PORT.
Ahí va ella, con su cabello
de rojo mar
chorreando por su ardiente mirada,
mientras él la sigue queriendo
naufragar
en ese río de ardiente lava,
que hace explotar su pasión de
violento volcán.
Al caminar su melena carmesí
rompe el camino,
dejando chispas de fuego,
que son el deleite deseo,
de aquel hipnotizado mortal y
enamorado,
que anhela profundamente tocarlo
y amarlo.
El salvaje movimiento de ese
imparable caudal amaranto,
provoca al sediento y excitado
Armando,
quien en un incontrolable
arrebato,
la posee en sus brazos
en un escondido, callejón de Cux
Port.
Entre caricias ella cae como
presa,
mientras él desaforadamente besa
su desordenado cabello que parece
una excitada marea,
una sutil marea roja que baña de
deseo la sonrisa traviesa,
del victimario que acorrala su
víctima, sin tregua.
El sol se reflejaba en su rubí de
cabellera,
alumbrando el placer sudoroso de
los gemidos de la agitada faena,
que se escuchaban como murmullos
de éxtasis y plegarias eróticas
ahogándose en
movimientos de cadera,
y rompiéndose en orgasmos
aturdidos por el ruido de la marea.
Agotados por los vaivenes de sus
manos,
no quedaba ni un espacio más por
abrazar, por acariciar.
y satisfechos del cansancio
placentero,
de romperse en piel y armarse en
sexo,
con una mirada callaron la carne
y esfumaron el grande deseo.
mientras vestía otra vez su
escondido pudor;
él se despintaba sus labios de
aquel labial color beso
y suspiraba al contemplar el
movimiento de aquel hermoso pelo
que se deshojaba como los pétalos
de una roja flor.
Cada uno siguió su camino,
pero quizás Armando nunca
olvidará
la tarde en que conoció el
placentero color y olor,
de un cabello de terciopelo, que
lo llevó
a inundarse de una cálida piel en
un callejón de Cux Port.
No hay comentarios:
Publicar un comentario