Me dejé doler por la vida, una muerte a la vez.
Creía estar en calma pero solo era el simulacro de la nada.
Los sueños pintan lo que desdibuja el tiempo,
los colores de
la tristeza son testigos de cómo se descolora la luz de unos días oscuros;
y es
que las acuarelas no alcanzan para hacerme notar en estas sombras.
Le pido prestado al paisaje nuevos tonos, nuevos matices,
pero el solo tiene lluvia que no lava nada, porque nada tampoco hay.
Me dejé doler por la vida una grieta a la vez,
queriendo restaurar
lo de ayer, pero olvidé lo de hoy.
Hasta el cielo se ha quedado sin pinceles de tanto disimular
el lienzo vacío,
el mar también le negó su imaginación,
y ya no tenemos formas,
ya no tenemos nubes claras.
Y es que las acuarelas no alcanzan, aunque se tenga toda el
agua de mis lágrimas,
porque no te logro inventar en este boceto de alma.
Me dejé doler por la vida, una herida a la vez,
y no tenía más
acuarelas para que te quedaras a sanar conmigo.
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