Se encienden cómo si las lámparas de una grande ciudad se treparan
entre las ramas de una doliente memoria.
Titilan, titilan y titilas invocando lo que dejó de ser,
armando entre luces ayeres voraces.
Los veo llevar mensajes en clave de luz,
te miro hacer
silencio cuando ya tu fuego posó el escándalo en mis cenizas.
Remontan días de cuando ser amada, hacía prender luciérnagas
y la noche lo aplaudía.
Reviven existencias de un bosque en donde era la predilecta
de un ángel que donaba sus alas, solo para que las cometas se alzaran y las
canciones no lastimaran.
Y Siguen siendo esas gotas de alma que sangro, que incendian mi mente.
¡Sí!, son mis recuerdos que no hacen más que un insomnio de luces;
yo solo lo llamo: noche de luciérnagas.
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