La sangre fría de mis heridas,
indiferente de tanto sentir,
insensible de tanto doler,
odia la carne remendada
que no le permite brotar
desde su náufraga melodía
hacia ese infierno rojo,
con rostro deforme
que contiene la ofrenda
de unas venas que escupen
pliegues de piel que se ven,
cicatrices mentales que se definen
cuando se rompen los poros
en oleajes carmesí.
¡Sangra, cuerpo!
soledad en carne viva,
caliente esta tez de páramo
que ya no se hiere tan fragilmente,
porque ahora se cubre de consistencias impasibles,
de corazas ásperas
sangrantes hacia dentro
en miedos glaciares,
color desconfianza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario