miércoles, 8 de junio de 2022


Un velo de cristales quebrados

secuestra el reflejo doble, astuto 

por donde el miedo miró lo prohibido:

-El pudor de unos ojos cubriéndose con lágrimas, su desnudez-


Y bajo ese velo cortante

ejecutando su minuciosa ablación, 

se disimula lo que susurraste a la luz, 

tu boca cerrada, 

pero tú cuerpo abierto

al roce del filoso dolor, 

Expectante, a los trozos de miradas vidriosas

ya hechas espejos precipitosos

que manchan la sangre de heridas. 


Ahora, el miedo es ciego, 

pero el íntimo suplicio habla 

de lo que el desastre ya sabe

y nombra entre visos confundidos:


Se nos ha derrumbado 

encima de las sombras, 

el espejismo a contraluz 

de un anhelo egocéntrico 

por aquel  amor, ardor sin dolor. 




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