Hemos sido sostenidos
por la pronunciación
de lo que ve el infierno
ocultado al cielo;
por quien calla,
porque todo lo sabe;
por quien sopla,
pero no respira,
pues la fragancia
de un labio preñado por la falacia
ha hecho mella, mueca
en la sonrisa.
Hemos sido moldeados
entre manos, raíz
que nos sujetan a la movediza tierra del tropiezo
en un camino a medio andar
porque son precipicios
el destino,
para quien solo suelo ve.
En un tiempo, en un espacio,
somos lo que nos hacen:
un silencio,
donde guardamos las miradas,
un deseo,
por donde restregamos las carencias,
un triunfo,
por el que olvidamos el barro originario,
por la muerte,
que nos quita el tiempo, el espacio
donde no fuimos, ni seremos
porque ya nadie, nada,
nos podrá hacer.
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