domingo, 1 de junio de 2014

UNA TARDE EN CUX PORT.

Ahí va ella, con su cabello de  rojo mar
chorreando por su ardiente mirada,
mientras él la sigue queriendo naufragar
en ese río de ardiente lava,
que hace explotar su pasión de violento volcán.

Al caminar su melena carmesí rompe el camino,
dejando chispas de fuego,
que son el deleite deseo,
de aquel hipnotizado mortal y enamorado,
que anhela profundamente tocarlo y amarlo.

El salvaje movimiento de ese imparable caudal amaranto,
provoca al sediento y excitado Armando,
quien en un incontrolable arrebato,
la posee en sus brazos
en un escondido, callejón de Cux Port.

Entre caricias ella cae como presa,
mientras él desaforadamente besa
su desordenado cabello que parece una excitada marea,
una sutil marea roja que baña de deseo la sonrisa traviesa,
del victimario que acorrala su víctima, sin tregua.

El sol se reflejaba en su rubí de cabellera,
alumbrando el placer sudoroso de los gemidos de la agitada faena,
que se escuchaban como murmullos de éxtasis y plegarias eróticas
ahogándose  en  movimientos de cadera,
y rompiéndose en orgasmos aturdidos por el ruido de la marea.

Agotados por los vaivenes de sus manos,
no quedaba ni un espacio más por abrazar, por acariciar.
y satisfechos del cansancio placentero,
de romperse en piel y armarse en sexo,
con una mirada callaron la carne y esfumaron el grande deseo.

Ella se arregló su despampanante cabellera color cereza,
mientras vestía otra vez su escondido pudor;
él se despintaba sus labios de aquel labial color beso
y suspiraba al contemplar el movimiento de aquel hermoso pelo
que se deshojaba como los pétalos de una roja flor.

Cada uno siguió su camino,
pero quizás Armando nunca olvidará
la tarde en que conoció el placentero color y olor,
de un cabello de terciopelo, que lo llevó
a inundarse de una cálida piel en un callejón de Cux Port.




lunes, 12 de mayo de 2014

AMANECER…

Amanecer, no es más que la sonrisa agrietada de la noche, 
es la carcajada desvelada de la luna,
es la cicatriz abierta del alma de una estrella,
que no pudo brillar en la oscuridad del ayer y que se esconde en la mañana
fingiendo brillar, cuando en realidad lo que brilla es el sol abrasador.

Tú, el amanecer de mi nostalgia,
el sueño del alba que no despierta por huir de mi realidad.
Esa silueta de sombras rosadas que se sonrojan por tanta ausencia,
por tanto silencio callado entre lágrimas y sábanas frías.


Tú, la sonrisa agrietada de mi noche,
cuyos labios se aferran unos a otros en un abrazo de indiferencia,
 y no dejan liberar el beso ni el “te quiero”
ni tampoco permiten gritar el "te odio". 


Tú, la carcajada desvelada de mi luna,
que una vez alcancé
y que ahora cae del vacío del cielo como lágrima, como lluvia,
refrescando el desamor, el olvido y la soledad.
¿Hasta cuando esa lágrima o esa carcajada enjuagaran mis ojos?


Tú, la cicatriz abierta de mi estrella fugaz,
Tan fugaz como tus caricias,
que en mi amanecer son rasguños de adioses sin tregua,
son dagas afiladas cortando lo que ya está herido,
cuya sangre se vuelve el veneno, el licor de mi fatigada piel.


Tú y solo tú, el que amanece en mis oscuridades,
amanece en mis tardes, amanece en mis vicios
y es amanecer sin fin,
aún después del anochecer de mi vida; mi muerte.






lunes, 31 de marzo de 2014

A(MAR)




Hoy el mar suspiró un silencio,
un silencio que supo a tormenta,
a tormenta tierna pero violenta,
a tormenta enfadada pero calmada.

 Ese silencio me recordó
la mirada de tu mirada,
 que estuvo siempre sumida
en un mar de dudas saladas y cansadas.

Quise preguntarle a ese silencio
por tu cabello, por tu cuerpo
y  una ola espumosa me susurró,
“se fue con la humedad del sol.”

El mar comenzó a sollozar
y yo con mis lágrimas pretendía
 estancar su imparable caudal,
sin saber que en realidad,
era mi llanto el que quería consolar.

 Ahora sumergida en el mar,
escucho su silencio suspirar
y pienso en lo mucho que te pude amar
pero al tú huir al otro lado de mi mar,
preferí morir, y mis suspiros darlos al mar.

jueves, 13 de marzo de 2014



Pobre poeta que no logra palpar aquella piel;
ese vicio enfermo de soñar despierto con la suave desnudez
de aquellas manos que deseó moldear alguna vez
y que ahora no son más que espejismos efímeros de una musa de hiel.


Mientras las horas danzan sobre la oscuridad de su habitación,
el deseo de hacer el amor con el recuerdo de la musa de su inspiración,
se hace insoportable, así como la presencia de un papel en blanco,
que acosa y arde por ser acariciado con versos del corazón.


No resistiendo más las insinuaciones de la pluma entintada,
el poeta desviste su sentir, desnuda toda su reprimida alma,
y al escribir pareciera que deseara al papel,
pero realmente a quien desea, es a ella,  a su musa de porcelana.


Cada estrofa, cada letra, es un beso que desahoga su placer,
al pensar que logran de algún modo, rozar la intimidad de la piel
de aquella mujer que una primavera lo hizo florecer,
y ahora le deja un invierno helado, en su incompleto ser.


 Aún excitado y cansado,
nuestro poeta deja de derramar su humedad en la hoja,
y ahora su mano queda sudorosa,
como el amante después de un erótico trajín.
De sus mejillas brotan lágrimas que lo hacen reaccionar.


Dirige su mirada hacia su cama y la ve vacía y ordenada,
en su mente sólo pasan las ansias de recrear lo que escribió,
pero sólo son letras que se las llevó la ausencia,
de un abrazo que terminó en un áspero adiós.


Pero a pesar de eso, el poeta cada noche de soledad,
toma la pluma y el papel,
plasma y dibuja en él, ardientes versos,
imaginando a su musa desnudar su intimidad,
y recreando su regreso a sus desolados brazos.

lunes, 24 de febrero de 2014


TARDE DE LLUVIA

Esta tarde de lluvia cálida,
Se mojan los silencios de decirte te quiero,
Se escurren por la piel seca, las gotas de un amor incierto,
Y aunque mi cabello te piensa, empapado por tu recuerdo, 
El corazón late y palpita sin ser del viento.

Esta tarde de lluvia sigilosa,
En las terrazas húmedas,
La ausencia es dolorosa,
La espera es de color rosa,
Esa rosa que a pesar de estar marchita,
Sus pétalos acarician la esperanza rota.

Esta tarde de lluvia incesante,
Todo, todo contiene tu risa,
El aire se embriaga de tu aroma,
El cielo se cubre del iris de tu sombra.

Esta tarde de lluvia incolora,
Mis pálidos labios reclaman el rojo de tu boca,
Mis manos ansían el azul de tus caricias,
El violeta de tus suspiros, que encierran tu sutil belleza.

Ahora la lluvia se vuelve tormenta,
Y tu ausencia una imparable espera.

martes, 18 de febrero de 2014


AL PAPEL NO LE CABEN MÁS VERSOS.








El silencio de este día de lluvia, hace al papel más pequeño, pero a la tinta más abundante; se le desea gritar al papel, pero este parece sordo o se hace el sordo, frente a las gotas retumbantes que descaradamente golpean el cristal de la ventana, la cual, dibuja el reflejo de todo lo que se quiere expresar, pero a pesar de eso, la mano aún empuñada, no se atreve a dar rienda suelta a su sentir y prefiere mejor arrugar con rabia el papel.

De pronto la habitación se turba de un sonido fantasmal, no es más que la “nada” amenazando con tragarse las palabras, los vocablos, las letras, las frases y los versos que parecen estar encarcelados en una boca muda sin móviles labios que muerden y sangran deseos reprimidos, los cuales con fuerza intentan abrirse vuelo con sus alas mojadas.

Ha parado de llover, pero siguen mojadas las notas sonoras de la voz que se plasma en el poema; la tinta se pregunta hasta cuando el viento y el frío la secarán sin lograr ser valiente y atormentar la hoja que parece caer y flotar eternamente en el limbo del olvido, pero no halla respuesta en ese incómodo ambiente de calma.

Sale el sol y este seca y vuelve añicos la hoja que desvanecida hace un tapete de silencios en la mesa, la tinta también seca y los gritos apaciguados adornan el aposento del poeta, que por mucho que llore y lamente su dolor, las lágrimas son lágrimas; los sueños son  sueños  y las letras sólo son letras que se vuelven invisibles y mueren en el santo reposo del silencio, al lado del soñador poeta.



jueves, 13 de febrero de 2014


PIEL CON PIEL

Como la marea agitada se aprisiona contra las rocas de la costa, tu piel estruja mi pudor y lo hace humedad entre mis piernas. El verano sediento de mi deseo no permite alivianar tu placer mojado, y tu estupor incansable,  insiste en explorar cada grieta oscura de mi piel.

La luna se sonroja al ver tan delirantes juegos de caricias y decide ocultarse entre las estrellas titilantes de tus ojos, los cuales brillan cada vez que piel incitante te brinda su mano para hacerte caer en mi seductora miel.
El tiempo pasa sobre la alfombra de las horas y el reloj se vuelve celoso de nuestra entrega; en la habitación no hay más que olor a derroche de besos y sabor a vino derramado sobre las sábanas que en el suelo parecen formar un estanque de  seda.

El cansancio nos invita a soñar, y mientras acurrucada a tu pecho veo como mis sueños festejan el poderte amar, logro despertar y no puedo dejarte de mirar y pensar para mis adentros, en susurros no queriéndote despertar:



“Si esto no es felicidad, entonces ¿por qué me siento así, indestructible, inmortal? Y tus ojos al despertar y encontrar los míos sin musitar me responden: porque en una caricia se puede nacer y en una mirada piel con piel se puede morir y nacer a la vez”

LO QUE NO TIENE RESPUESTA

  La observo su silueta aún refleja la noche su piel blanca pareciera querer borrar lo que un día fue.  La observo su mirada me rebota y las...