Y sigo en esta habitación
que me conoce desde niña
que ha contado todas mis lágrimas
y las colecciona como polvo
debajo de mi desorden llamado, vida.
Recuerda estrictamente
todas las trenzas que desbaraté
en mi niñez,
Todos los insultos a las matemáticas
en mi adolescencia,
Todos los amores platónicos
en mi juventud,
-todos esos se quedaron en el poema
manchado con tinta-
Todas las muertes heridas
por las que ahora, sigo sobreviviendo.
Sus paredes me han visto desnuda
cuando no quepo en mi cuerpo
del hastío de un sin abrazo.
me han visto vestirme
colocando piel sobre llagas abiertas
soportando el dolor, el ardor, conmigo.
Recinto, oráculo
donde se guardan mis gritos con llanto,
pero nunca con risas.
-poco he reído, aquí -
Dimensión conocida
que se vuelve eco de silencios,
que insinúa callar,
pero de tanto hacerlo
se destiñe su sentido de resguardo.
Si yo cubro mi dolor,
ella lo cubre con cortinas y edredón.
si no soporto el resplandor del mi reflejo
ella apaga la luz, prepara la almohada.
Ella, una guarida
que sé lo mucho que quiere huir de mí,
pero soy yo, la que no puede
escapar de su espacio
tan vacío, tan lleno de mí.
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