Hice un común acuerdo
con el silencio.
Si él me grita,
yo respondo con poesía.
Si sus susurros
laceran decencia,
yo apreto la pluma
con lascivia y delirio.
Si me escupe insultos pardos,
mi papel se armará de nuevo
con los versos más claros,
y un poco azules de tanto suspirar.
Si juzga mi desahogo
con la mentira de su sonoridad,
me hago poeta,
y mi ruido siempre gritará tinta.
y... nadie me podrá callar,
ni siquiera su sosiego,
ni su paz.
Porque la poesía no es tregua,
es guerra declarada
a la quietud, a la cautela.
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