Madre de un deseo salvador
por el polvo de estrellas
de tu pecho.
No soy más,
una huérfana de ilusiones.
Sin embargo,
concibo oleajes ruidosos,
-poéticos-
que engendran silencios atormentados
y se desahogan, al desangrar,
alados sueños.
El dolor de parir heridas
me hace progenitora
de un ardor acostumbrado
a un intrépido salto a la vida.
En la caída, reacciono
como cuando la muerte se asusta
con el golpe súbito de la vida
y de repente, soy fecunda
en posibilidades.
Respiro abrazos protectores
que asilan mi oxidado
instinto de conservación.
Me renazco por mis aberturas
primogénita de pájaros
que no aprenden a planear.
Ahora soy,
madre de mis batallas,
hija de mis victorias,
mujer de mi renacer diario
entre tu polen de lluvia felina.
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