Un nocturno horadado...
Se acorta la distancia,
mientras se entona
la sumisa tecla del latido.
Se tararean, pero no se tocan
las sublimes partituras,
ya quebradas, por un silencio.
-sangran con la dulzura ingenua de una efímera destilando tiempo-
Pienso en ti,
pienso en mí,
pienso...
en lo deshabitado de una música
que arrastra zafiros y cristales,
pero no es río,
es soneto herido,
por la fiebre de un encuentro.
Un piano naufraga
en la pesadez calmada.
Pienso, deshogo...
canciones amarillas
y pájaros vacilantes.
Un nocturno horadado...
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