Esta ciudad, donde sobrevivo
me arde en las pupilas,
quema triunfos
con cenizas de fracasos,
se destruye así misma
entre escombros de nostalgia.
Quisiera una Magerit
y sus brazos velludos y de arte
que aviven esas, estas fogatas
incendiadas de tanto extinguirlas.
Desearía su París canoso
que relata un paseo pausado
por bulevares desangrados en amores,
vividos, perdidos, irreemplazables.
No me importaría
ser (su) amor de Parque,
con más que otoños caídos,
con bancas que se vacían en historias
sobre hojas pardas y amarillas.
Pero a cuenta de todo esto,
lo único que quiero es una ciudad para dos,
sin límites en nuestro abrazo,
donde el himno, la bandera y el escudo
sea siempre, la presencia, esencia y existencia
dentro y fuera de "un nosotros".
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