Sombras,
ese descuido de tactos
tragando tanto dolor.
He ahí,
la magnanimidad
del último soplo de abrazo,
expresión diáfana en silencio,
estallido febril de huesos,
de cenizas cansadas de sus grises,
pues morir,
ya lo han hecho muchas veces.
Y es que el abrazo sin remordimiento
acobarda,
Cancerberos de exilios,
falsos acordes de una bella mentira
con la creencia en el para siempre
de una palabra modulada,
pero no accionada.
por eso, por el suplicio insensible,
es ahí, en el místico toque de pieles
cuando el para siempre surreal,
se hace cicatriz de las buenas,
indeleble en las entrañas,
entibiando sangres color olvido
y pálpitos olor a segundas oportunidades.
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