Lágrima de estrella,
latido de un presentimiento anunciado.
ambos, muertes sincronizadas.
Esa gota,
cae de su peso luminoso
al borde de un pérfido beso con ojos cerrados.
Ese pálpito,
llega al destino extraviado de un verso.
ambos, finales sublimes.
Después de su padecimiento,
un regreso a lo anterior,
ese inaudito dolor,
esa exasperación al filo de las promesas,
porque,
las manos,
las palabras,
los cuerpos,
deberían tener roces estruendosos
y lo que antes era,
debería ser, lo que nunca ha sido.
Pero a pesar del laberinto con norte,
la estrella sigue llorando
y el presentimiento, latiendo.
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