domingo, 21 de noviembre de 2021

UN PEZ NUNCA PUEDE VOLAR


Tengo un pez en la cicatriz

con escamas iridiscentes, 

aletas queriendo ser alas

tan frías que enmudecen.


Lo alimenta una lágrima seca 

siempre se asfixia de sal

y por su boca no muere, 

por su boca silencia la mía. 


Nadar o volar, 

él prefiere creer

para resignarse a vivir en la cicatriz 

con lágrima seca. 


A veces me  encuentra

uno de sus cadáveres 

en mi aliento de mar

de tanto respirar asfalto. 


No me asombra

verlo quererse inmolar en mi ombligo, 

buscando las crisálidas de mariposas

que nunca mutaron. 


Y si las encuentra

es para verlas atrapadas

entre los tejidos cicatrizados, 

aún con sangre fresca de úlcera. 


Y por fin entiende 

que nunca podrá salir de mí, 

que necesita la lágrima seca

y una cicatriz donde valga la pena, 

-sobrevivir-


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