Tengo un pez en la cicatriz
con escamas iridiscentes,
aletas queriendo ser alas
tan frías que enmudecen.
Lo alimenta una lágrima seca
siempre se asfixia de sal
y por su boca no muere,
por su boca silencia la mía.
Nadar o volar,
él prefiere creer
para resignarse a vivir en la cicatriz
con lágrima seca.
A veces me encuentra
uno de sus cadáveres
en mi aliento de mar
de tanto respirar asfalto.
No me asombra
verlo quererse inmolar en mi ombligo,
buscando las crisálidas de mariposas
que nunca mutaron.
Y si las encuentra
es para verlas atrapadas
entre los tejidos cicatrizados,
aún con sangre fresca de úlcera.
Y por fin entiende
que nunca podrá salir de mí,
que necesita la lágrima seca
y una cicatriz donde valga la pena,
-sobrevivir-
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