Ese vientre se quedó vacío
ya no hay nada que llenar.
No sobrevivirá para contar sus estrías,
Ni palpitará en una nueva vida.
¿Alguien entrará en él?
¿Alguien lo robustecerá con delirio?
Alumbro blancos en llanto,
exilio labios abiertos sin orgasmos efectivos.
La llave de los sueños no funciona,
quistes como piedras no sienten,
-no se preñan-
Mis ovarios sangran hijos sin padres,
el tiempo apremia, infértil
como si Peter Pan creciera.
Madre selva, seca,
con la ternura enredada.
Sí abraza, pero no concibe inocencias juguetonas.
Esta vez, siempre,
los sueños no son pechos suculentos,
no paren ese dolor satisfecho
de unos brazos cargando el peso de la vida.
¿Alguien entrará en él?
¿Alguien lo robustecerá con delirio?
Aunque sólo lleve aire de anhelos
(y es justo lo que más pesa)
y quizás también, grasa, piel y hueso,
como sombra preñada esperando dar luz,
esperaré y esperaré,
a otro vientre cálido y húmedo
que penetre en mis entrañas abismales,
para que el silencio
se vuelva grito de existencia,
y se abran nuevos ojos, testigos,
de que mi vida no pasó inadvertida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario