"Ser mejor equivale a haber
cambiado varias veces"
John Henry Newman
Prefiero un gato a un perro,
pero no tengo un gato,
por el médico, por las enfermedades.
Diviso vidrios empañados en esta vida lluviosa,
donde se dibujan las ganas,
y es que, aún me cuesta creer
el amor, el deseo
mis rotos, mi juventud recreando su madurez.
Siempre soñé tener un gato,
aunque, no sé si el tiempo me permita serme,
siempre dentro de él.
Él duerme con su gato,
y yo no tengo un gato.
Su cama vacía, me antoja,
la mía se deshace en olor a sexo sin gato.
Él despierta lo que yo sueño,
yo duermo y no despierto.
Respiro hiel.
¿Ya te dije qué tengo miedo?
Miedo a no tener nunca un gato,
a no poder dejarlo de percibirlo en mis párpados,
a que mi tormenta y mi gato, nunca le tengan.
Quisiera salir de mí, romperlo en su norma de vida,
despertarlo de su sueño, vivirlo realmente,
acariciar su gato y que sea mi gato, también.
Pero él está en Madrid,
y yo estoy, sin, (él), gato.
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