No sé si un <te quiero> escrito,
sea poco, insuficiente para dar.
La lluvia lo dice, sin decirlo,
moja las palabras,
lava las mentiras de sal.
La soledad, esa puta,
alardea con crueldad,
porque sabe pronunciarlo
en todos los idiomas,
pero lo oculta, con la intención
de que la dejen en paz.
Los gatos lo ronronean,
pero ellos sí que se van.
No venden su libertad, ni se compran
con caricias faltas de verdad.
El mar con su tranquilidad,
(el cual no lo perturba ni sus perlas
robadas por sirenas),
no cree necesario recordarlo.
Si lo dijo una vez
cuando se rompió en olas,
¿Para qué volverlo a repetir?
O quizás, no quiere volverse a romper
por ninguna isla, más.
La luna, con su hiel,
es el lobo quien le aúlla,
pero ella nunca le contesta.
A ella le costó cicatrizar,
y no desea que sus cráteres,
sangren una vez más.
Los poetas lo follan en el papel,
pero al mismo tiempo,
lo borran con lágrimas,
porque su musa nunca está,
y ya sabemos que la soledad no suelta,
es la puta, reina del lugar.
No soy lluvia,
no soy gata,
mucho menos mar,
un poco soledad,
algunas veces luna,
y tal vez, una poetizas más.
Pero hoy, en la melancolía
de saberte cerca en la lejanía,
quiero reiterar,
en poema, gemido, grito, silencio,
susurro, llanto y suspiro,
lo mucho que te quiero
aunque sea un poco e insuficiente
para dar y amar.
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