Me falta, incluso,
las sobras de suspiros
que dejas encima de la almohada
esas, las que el gato acecha con paciencia.
Los disgustos
que escondes
bajo la alfombra
después de un día caluroso,
pero con llanto.
El pedacito de luna
que instiga aquí,
al lado del músculo que late
para recordarme que sigues estando.
Me sigue faltando
las migajas de poesía
que les recitas al cigarro
el cual se traga tu aliento
sin pedirme permiso.
Me falta lo que queda de mí
cuando me gasto toda
pensándote, creandote en mi sexo.
y si sobro un poco,
es para escribirte un desvelo
de esos, donde el ingenuo
(que no soy más que yo)
le pregunta a la luna
cuánta noche falta
para volverte a pedir
aunque se un poco de tus sobras,
cuando amanezca...
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