El último latido
de atardecer,
te lleva de mí,
hacia el otro lado
de la cicatriz,
bosque espeso y oscuro
con demasiados espejos,
donde me pierdo
en mí,
de mí.
Y sé que lo atraviezo
para buscarte,
porque ese moribundo
latido, sangre
se reencarna
en presentimiento, anhelo,
donde duelo,
y cuando duelo,
me deshojo en trozos de ausencia.
Y en ese ausentarme de mí,
reapareces,
como dos alas
con llanto,
con rebeldía
brotando sobre la espalda
de mi cansancio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario