Y escribes mi nombre en pasado, como quien enumera sus nostalgias con cada día de luna, porque el sol no sale en las nostalgias, y la arena de tu reloj roto por el ayer, pertenece a cielos de playa, calor y sal malagueña.
La nostalgia, en cambio, es gris y fría (eso es lo que dice la lluvia), aunque tiene dignidad y se enorgullece de su elegante soledad. He ahí, el porque soy, más de otoños que de veranos.
A pesar de eso, me encanta como fumas tus cigarrillos, bueno, en mi imaginación...
Paso las noches pensando como abres tu dedo índice y del medio como una adolescente que abre su sexo a su primer amor, y pones el cigarrillo en medio y absorbes lentamente y con placer ansioso, su esencia, como si quisieras sacar de él, el alma que una vez te perteneció, pero que se terminó yendo con ella (Cassandra), la de tus recuerdos blancos que hablan en un idioma de potencia mundial y que los sigues traduciendo cada domingo, en tus poemas tristes.
Ahhhh y luego, luego expulsas el humo por tu boca roja y experimentada con un sigilo de gato, como si tuvieras el tiempo de 7 vidas, de 72 demonios.
Lo que no sabes, es que ese humo, me alcanza a tocar, me roza la boca y mi soledad de una manera tan sutil y anesteciante, que desearía fumar(te) como tú lo haces.
Pero no estamos hablando de mí, sino de ti y tu manía de gato que escribe poesía con su cigarrillo.
Me di cuenta, además, que también conjugas mi nombre en pasado, como si mi rostro fuera un verbo estático atrapado en una fotografía en blanco y negro y en la cual, salgo muy seria para que no me vean la cicatriz y no crean que la oculto con una mediocre sonrisa.
Tal vez si me llamara Cassandra, fumara dos cajetillas diarias como diva de Hollywood, mi reloj no fuera de nostalgia, sino de arena y mi escote no lloviera lluvia, sino palidez voluminosa, no te tendría tan lejos, con tantas millonadas de estrellas a distancia.
Quizás fumaríamos juntos la lascivia de un hogar, el hogar de tenernos, en la terraza de cualquier amanecer con una copa de vino, yo sintiendo que eres mi cigarrillo ardiente entre mis piernas y tú, expulsando tus deseos candentes en mi boca como poesía en bigotes de gato en celo, que ronronea orgasmos húmedos de amor.
Solo que... Mi pelo no es rojo, mis bragas no son negras, son de otoño, no me llamo Cassandra y lo más triste, no fumo...
Sólo tengo una nostalgia en el pecho que cubre mi escote con lluvia, pero que todos los días escribe y conjuga con ilusión ingenua, tu nombre con mi verbo dentro de un imposible, llamado, vida contigo.
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