Enhebra tu savia en mi sangre,
sin pretender curar llanto, alguno.
Solo une los retazos de mis fracturas,
sin anhelar reparación,
ni siquiera, del humo de mis suspiros.
Equilibra mi pasado con mi presente,
sin tocar las cuerdas flojas de mi locura.
Impregna este nocturno,
con tus manos que saben tocar
inviernos de memoria.
No te olvides, también, erizar,
los vellos de mi pecado.
Esteriliza mi veneno,
con la punta afilada de tus mareas
y rómpete en celos contra mis islas.
Cavila mis indecisiones
en la lógica de tu azul.
Posiciona mis ganas,
en lo más alto de tus delirios,
pero de ninguna manera, cambies,
tu trascendental, esencia.
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