No olvido ese vocablo violento.
Retumba como ardor
en cada recodo de mi herida sangrante,
estruja la piel donde hubo cicatriz
intentando cerrarla a la fuerza...
y ya no se puede.
El eco de esa lectura
se vuelve rabia en cada recuerdo.
Me lo gritaste en los ojos,
y es como si lo hubiera escuchado
en el tímpano del dolor aturdido.
Apuntaste hasta dar en el blanco
que ahora es desilusión
roja de sangre,
negra de putrefacción.
Un perdón incoloro ya no concedido...
ni que se quiere ofrecer.
¿Dónde queda la satisfacción propia?
¿Será qué es la verdad?
¿Por eso duele tanto?
mar de preguntas con oleaje afiliado
Sólo sé que la única embustera fue...
esa palabra,
en tu supuesto querer.
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