Soy mi propio otoño,
sacudo mis lluvias
para que las hojas en blanco
sepan que siempre hay algo que decir.
Aunque mi bosque se esté deshojando
y aunque el púrpura, el marrón y el ocre de mi cielo
contrasten con el frío del silencio,
siempre hay algo que decir.
Chamizos desnudos
alargan abrazos hacia mis pájaros, los cuales migraron
buscando días de luna más claros
anidando, para reparar lo que hay por decir.
Esta poca luz de mis llantos invernales riegan la tierra
con el rojo que enceguece mi primavera,
con el amarillo que ahoga mi verano
y con el naranja que dice a gritos lo que tanto callo.
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