Siempre queriendo
apresurar el tiempo
retenerlo en la ansiedad.
Él no se detiene,
pero tampoco espera.
Le gusta discutir con la juventud
y se desahoga con nuestra vejez,
pero sólo lo disfruta la niñez.
El mar es viejo,
la alborada efímera,
los dos cicatrizan.
Uno aguarda,
la otra prefiere volar.
Ninguno a la final se encariña.
Y el tiempo...
Él no olvida, solo ignora.
Avanzando en su lentitud,
deteniéndose en su fugacidad.
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