¡Por supuesto!, tenía que llover hoy,
cuando tu tiempo te hace vida.
Debían caer las gotas
para hacerte perpetuar en mis horas.
Se obliga el agua a recorrer
estos años vacíos para que te cumplas.
Me niego a escampar estos momentos
cuando sé que eres más maduro en desilusiones,
pero más nuevo en contradicciones.
Porque ahora estás creciendo en otras manos,
pero sigues siendo el niño en mis labios,
que me besaron sin saber a quién amaron.
Y sí, la lluvia sigue su curso
como tus soles en mis noches.
Y ahora eres de risas añejas,
con delicias de experiencias nuevas
pero más lejanas de mis vivencias.
¡Y claro, debía llover hoy!
cuando tu tiempo dice tanto, pero la lluvia lo oculta todo.
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