Me canso de llorar por lo mismo, de ver las mismas lágrimas en los mismos vacíos de mar.
Repetir la canción abierta sangrante, reiterar
la herida cicatrizada en la nada.
Detesto andar sobre los pasos ya tropezados,
sobre los caminos ya erosionados por el afán
de llegar a ninguna parte.
Ya no quiero ser costumbre, ni tradición,
ni rito que se repite.
Es constante la homogeneidad del dolor en la misma grieta, en la misma perforación que atraviesa esta ansiedad.
Quiero ser diferente en mí misma, sin
cuadricular, ni encasillar sabores, olores,
sentires.
Irregularizarme en mi uniformidad de formas, de reflejos, de topografía.
Tener diferentes caras que reflejen el único adentro real y puro sin iterar el monólogo que soy y así pronunciarme en diversas lenguas que murmuren el secreto de lo que quiero ser.
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