No puedo reclamar su odio.
Ese ya lo viste en su escudo,
y con su espada de juicios
me hace villana.
Me declara la guerra
con su bandera blanca,
mientra la tregua se hace lágrima
lacerando mi coraza.
Reclama la victoria
como suya,
cuando la única suya,
ha sido mi vida
que entregué toda, en la batalla.
No puedo reclamar su odio
porque ya me odia,
porque ya pronunció su condena.
Se va y se desahoga con mi error,
me deja encarcelada en el olvido.
Me castiga con su martillo de juez,
con su dedo perfecto, hundido en la llaga.
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