En la ecuación de mi vida
que parece no tener solución,
eres la incógnita salvadora,
la que debo despejar
a pesar de los nubarrones,
y de los más de 72 demonios
que se arrancaron las alas
para amarte a lo mundano
y devorarte en lujuria.
Busco que seas resultado esperado
donde valga la pena
vivirte doliendo
en todas tus vidas,
como afrodita inmortal
bebiendo tus humedades.
Y en todas tus muertes
como ángel guardian
de tu alma, de tu soledad.
Eres el cálculo perfecto
en mis excesos
donde a veces gano
y otras veces me pierdo,
en la escasez de mí.
Pero eres suficiente
en vida,
en odio,
en pudor.
Necesito resolverte
como fórmula mágica
que conjure al dolor,
porque él tiene memoria,
me hace rozar el delirio,
distorsiona certezas,
se hace amigo del miedo,
desconfía hasta de la muerte
que es lo único seguro en la espera.
Y ahora, en la seguridad de mi muerte
¡Qué hermoso enigma eres!
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