Quiero escribirle,
despertar su insomnio
y sin querer, abrir la herida.
Él no me escribe
su enfado le ha puesto
candado al mar.
Lo echo de menos
pero el miedo me retiene
como ola frente acantilado.
Parece de piedra
y no tiene ruido pesado,
más bien, silencio que aturde.
No debo, pero quiero.
Deseo saberlo,
sin herir, sin ser otra.
¿Cómo lo hace?
Si él puede, yo puedo.
Sigo practicando el olvido.
Y solo me sale...
El deseo de escribirle
¿Qué?
No sé... tal vez que perdone
no saber qué escribirle.
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