lunes, 21 de febrero de 2022

 

Guardo en un enojo

los abrazos dados

entre lágrimas

a mí misma,

y aquellos 

que no me di

se los llevó

la que nunca he sido.


En aquel 

resquicio de piel

que no besaron

me sobra pintalabios,

pero cuelga

un pájaro en su nido,

se alimenta 

de mis palabras mendigas.


De ese hueco

-que nadie menciona-

alumbro implosiones,

destellos de soledades,

en donde solo yo

me hago mujer sola,

y a la vez,

huida cómplice.





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