Guardo en un enojo
los abrazos dados
entre lágrimas
a mí misma,
y aquellos
que no me di
se los llevó
la que nunca he sido.
En aquel
resquicio de piel
que no besaron
me sobra pintalabios,
pero cuelga
un pájaro en su nido,
se alimenta
de mis palabras mendigas.
De ese hueco
-que nadie menciona-
alumbro implosiones,
destellos de soledades,
en donde solo yo
me hago mujer sola,
y a la vez,
huida cómplice.
No hay comentarios:
Publicar un comentario