En el abismo de este cuerpo, hay un fondo de bragas y agujeros negros con los que nadie ha soñado.
Una gota muerta de sudor del mar, navega en los arrabales de mis arrugas, sin que nadie encuentre su cadaver, porque ningún barquero con su mapa perdido, se atreve a buscar en las dunas de este parámo aniquilado, por un músculo que llora latidos y una masa que piensa demasiado, hasta el punto de herir con sevicia el músculo sollosante.
Y en cada perla liberada de pensamiento acompañado de un lamento muy húmedo (cabe anotar), surge un abultamiento de pliegues mezclado con dolor, sangre y tejido muerto que revive con la respiración boca a boca de una memoria que se creía desaparecida, pero que es más inmortal que todos los dioses del Olimpo juntos, y que con venganza sádica declara una guerra ya perdida a mi tiempo también perdido, usando incansablemente su armadura de piel vulnerable, pero con la coraza de unas bragas y ruinas negras con las que nadie ha soñado nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario