Quisiera ser todas tus mujeres,
quizá tener el aroma de Hanna
-huelo a claveles marchitos
por tanta soledad blanca-
O tal vez, escribir como Inanna
-mi poesía es boca muda, sorda
sonido con oído sin interés de escuchar,
sin contagio textual-
Y por qué no, ser tu Almudena
diosa inmortal en tu recuerdo
que ninguna ninfa, ni hada reemplazará.
Pero sólo soy una, Alondra
con muchas faltas terracotas,
con plumas salpicadas de inutilidad,
con callos en las ausencias,
y ampollas en las cobardias.
Solo soy yo,
la que te quiere
holiendo a claveles marchitos,
escribiendo enfermedad,
recordándote como Moira sin destino,
pero amándote tanto
que solo soy una niña,
entre todas tus mujeres.
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